La Avutarda (Otis tarda) es una de la especies más espectaculares y emblemáticas de la avifauna europea. Considerada como el ave voladora más pesada de la tierra, los machos alcanzan una envergadura alar de 2,4 m y un peso de hasta 18 kg. Las hembras apenas alcanzan un tercio de ese tamaño.
Sus poblaciones, muy ligadas a ambientes esteparios con aprovechamientos ganaderos o agrícolas extensivos, han sufrido un considerable descenso en toda su área de distribución. España cuenta con algo más del 50% de los efectivos mundiales de esta especie, y en nuestro país sus números se mantienen más o menos estables en unos 25.000 ejemplares desde la prohibición de su caza en 1982.
No obstante, muchos de sus núcleos de población han desaparecido, y su clasificación se mantiene como “Vulnerable” debido a amenazas como la transformación de usos agrícolas y la creciente urbanización de su hábitat.
Fotos © Ignacio Yúfera
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Macho de avutarda en exhibición
La Avutarda es un ave sedentaria, muy aquerenciada a sus lugares de cría. Todos los años, al acercarse la primavera, los machos se concentran en determinados lugares (conocidos como leks) para llevar a cabo exhibiciones y enfrentamientos rituales en los que se determina cuáles entre ellos se aparearán con las hembras más adelante. Este comportamiento se desarrolla desde finales de Febrero y durante todo Marzo, hasta por lo menos la primera semana de Abril, pudiéndose alargar hasta primeros de Mayo dependiendo de la climatología. Durante este tiempo, los machos adultos se exhiben de un modo espectacular, muy ritualizado, destinado tanto a intimidar a machos rivales como a atraer a las hembras.
El punto culminante de este ritual se conoce como “rueda”, y en él los machos giran sobre sí mismos, erizando sus peculiares bigoteras y exponiendo el color blanco del interior de sus plumas hasta casi convertirse en una esfera nívea.
En 2008, el Fondo Emberiza entabló conversaciones con los propietarios y arrendatarios de dos fincas colindantes en la provincia de Cáceres, Extremadura, donde observaciones previas en años anteriores parecían indicar que se encontraba uno de estos lugares de concentración.
Las fincas cuentan con un total de 480 hectáreas de terreno abierto y desarbolado, ideal como hábitat de aves esteparias, y están dedicadas principalmente a pastos de ganado vacuno, con algunas parcelas cultivadas. Cuentan con tres charcas estacionales, utilizadas por el ganado y las aves como abrevaderos.